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La Coctelera

Una radiografía del Kuomintang

El Kuomintang (o KMT) es el Partido Nacionalista Chino de Taiwán. Fue fundado en el continente chino tras la Revolución de Xinhai en 1911, por la que se derrocó a la dinastía Qing y se estableció una República
en China. 

En 1949, tras la Guerra Civil entre los comunistas y el Kuomintang, los seguidores del partido
se retiraron del continente hacia Taiwán. En la isla, el líder Chiang Kai - shek estableció su propio estado, que había sido inicialmente autoritario. Con la ayuda económica de Estados Unidos, Taipei reclamaba la soberania sobre toda la China.  El Kuomintang lideró Taiwán hasta el año 2000, fecha en la que se vio envuelto en escandalos de corrupción y compra de votos. El partido era, en ese momento, el más rico del mundo, con una fortuna estimada en más de 6.000 millones de dólares estadounidenses. Chen Shui-bian, jefe de estado taiwanés del 2000 hasta el 2007 y representante del Partido Progresista para la Democracia (DPP), luchaba por la autonomía de la isla y trató en inumeras veces de intentar que las Naciones Unidas aceptaran a Taiwán, aunque fue en vano.  

Actualmente, el Kuomintang es miembro de la Unión Internacional Demócrata y está considerado un partido conservador. Su actual presidente es Wu Poh-hsiung y sus intenciones publicas de acercarse a Pekin se esclarecieron con el retorno del partido al poder en Taipéi, tras 8 años de liderazgo del DPP. El actual Jefe del Estado de Taiwán, Ma Ying-Jeou, confirmó este incipiente acercamiento del partido, afirmando en su primera conferencia de prensa como líder del país, la intensión de firmar un tratado de paz con su poderoso vecino: "Ni independencia ni reunificación", ha dicho Ma Ying-jeou.

Dalai Lama

 

 

Lejos de las tierras donde nació, tras cincuenta años de exilio en India, el líder tibetano Dalai Lama ha logrado difundir su enseñanza e ideales incluso fuera de las barreras de su comunidad. 

El Jefe espiritual del budismo tibetano, también bautizado de Tenzin Giatso, es el decimocuarto Dalai Lama. Nombrado en 1939 cuando tenía apenas cuatro años, nació  en el este del Tíbet en 1935, en la provincia Quinghai.

Después de ser proclamado encarnación del XIII Dalai Lama fallecido, el todavía niño Dalai fue llevado al Palacio de Potala, en la capital del Tíbet. Desde ese momento surge, además de un líder espiritual, el icono más importante de la lucha por la independencia del  pueblo tibetano.

En 1950, tras la invasión china en el Tíbet, Tendzin Gyatso fue obligado a anticipar su mayoría de edad, con apenas quince años, y a asumir el poder tibetano. Acompañado de cerca de 70.000 seguidores, huyó de su provincia enfrentando a pie las dificultades de los montes del Himalaya hasta encontrar un sitio seguro en Dharamsala, India. Allí terminó en 1959 el grado Geshe Lharampa (Doctorado en Filosofía Budista).

Todavía hoy, mientras China ataca su hogar de manera violenta, el Dalai Lama se dedica a difundir por todo mundo, y especialmente en Nepal, Sudan e India, la democracia y el pacifismo. Fue precisamente esa característica de pacificador lo que le llevó a ganar, en 1989, en premio Nobel de la Paz.

Para defenderse de los actos sangrientos de China contra su nación, especialmente de los promovidos por Mao Tse Tung, el jefe tibetano se autodefine como un “Simple Monje Budista”, mientras niega el uso de violencia e insiste en que la clave para llegar a un acuerdo pasa por la tolerancia y el respeto mutuo.

Vegetariano y promotor de las soluciones prácticas, el Dalai Lama vive en un pequeño complejo de Dharamsala. A sus 74 años, todavía se levanta a las 4 de la mañana para meditar y seguir una ocupada agenda de reuniones administrativas, audiencias privadas, enseñanzas y ceremonias religiosas. Cada día concluye de la misma forma que empieza: con más oraciones, antes de retirarse.  

 

Janaina Pepe

 

Hu Jintao

 

 

Elegido jefe del Estado de la República China con 2.937 votos de los 2944 posibles, Hu Jintao es conocido por la discreción de sus actos y la cautela con la que afronta las decisiones políticas más importantes. En el poder desde marzo de 2003, el Presidente es el primer líder que inicia su carrera después de la toma del poder comunista en 1949, además de conseguir su reelección en octubre de 2007, garantizando así su segundo mandato hasta 2012. 

La biografía oficial de Hu Jintao afirma que  el  líder nació en la provincia de Anhui, al este de China, aunque algunas fuentes alegan que  su lugar de nacimiento fue Shanghai. El misterio sobre su origen real se debe al hecho de que su padre fue considerado un pequeño burgués, propietario o comerciante en la escala social establecida por los comunistas en 1949.

Graduado en la prestigiosa Universidad Qinghua de Pekín, este ingeniero hidráulico se unió al Partido Comunista Chino (PCC) en 1964, y a lo largo de su trayectoria realizó políticas claves en las provincias pobres del país. En Tíbet, se destacó como jefe de partido de la región al estar presente en el estremecedor periodo de 1988 hasta 1992.

En ese último año y tras volver de Tíbet, entró en el Comité Permanente del politburó (máximo órgano dirigente del país) con ayuda del entonces Presidente chino Deng Xiaoping, situándolo en una posición privilegiada.

Hu Jintao sustituyó a Jiang Zemin en el puesto de Secretario General del Partido en el 15 de noviembre de 2002, y en el 15 de marzo de 2003 se convirtió en Presidente de la República Popular.

Su liderazgo está estrechamente ligado al de su Primer Ministro, Wen Jiabao, ya que ambos dirigentes pertenecen a la llamada "cuarta generación" de líderes comunistas, formada por políticos que han ejercido toda carrera después de la proclamación de la República Popular. La importancia que se concede al “socialismo del mercado” y a la “sociedad armoniosa” señala que las autoridades chinas quieren persistir con la liberalización de la economía, y reorientar el desarrollo hacia un modelo más enfocado al equilibrio social y medioambiental. 

 

Curiosidades:

El discreto Presidente Chino es un aficionado al baile de salón, al tenis de mesa y, además, es conocido por su memoria fotográfica. 


Janaina Pepe

 

Tíbet, el paraíso perdido

 

Las idílicas imágenes de oración, paz y felicidad, que se muestran habitualmente en postales, películas o anuncios de Richard Gere, distan de la imagen real del Tíbet. Su población vive dividida a la fuerza, exiliada en La India, tras la invasión china de hace más de medio siglo, y sin un reconocimiento internacional fehaciente. 

 

Buda no existe bajo el dominio imperialista y no puede reencarnarse en ningún Dalai Lama. El comunismo es la única opción. De este hecho son conscientes las más de 2.740.000 personas que, según el último dato de 2009, habitan en el Tíbet. Región autónoma desde 1963, Tíbet disfrutaba del status de país independiente mucho antes, concretamente, 52 años antes. Pero los siglos de aislamiento detrás de los montes Himalayas se derrumbaron tras la invasión de las tropas chinas.

En 1949, el Ejército chino de Liberación Popular invadió las provincias de Amdo y Kham, al este del Tíbet. Su población se levantó entonces bajo el llamado Levantamiento Nacional Tibetano, atacando a la mayoría china de los Han que participó en el combate. Pero este movimiento no fue un obstáculo para el victorioso ejército, que en 1959 logró penetrar por toda la región hasta llegar al oeste, a la ciudad de Lhasa, donde se reprimió ferozmente a todos los tibetanos rebeldes. 

El Dalai Lama y más de 80.000 de sus defensores tuvieron que exiliarse en La India, Nepal y Bután, y, en mayo de 1960, el Dalai Lama trasladó el Gobierno Tibetano en el exilio de las colinas de Mussorie (en el norte de la India) a la ciudad de Dharamsala, a la espera de poder restablecer la situación. 

Pero el tiempo pasa y la mayoría de los tibetanos no puede volver a su tierra. La cifra de refugiados ya alcanza los más de 11.000 y, para fomentar esta situación, el gobierno chino ha mandado cantidades ingentes de población para mezclarse con los autóctonos tibetanos; una de las estrategias para asimiliar su población. China mantiene que su intención es representar mejor a los tibetanos, pero la intención más evidente es la de destruir su identidad particular: nacional, cultural y religiosa.

A pesar de contar con este caballo de Troya, China no ha conseguido resquebrajar la unidad del pueblo tibetano ni su veneración al Dalai Lama. Es un pueblo muy unido, a pesar de estar de la contradicción de estar dividido físicamente. Y este es otro hecho que se suele obviar: cuando se habla de la unidad tibetana, se olvida que es un territorio dividido, cuya representación permanece en el exilio. La Administración Central Tibetana (ACT) es el órgano gubernamental de esta comunidad, que vela por la paz y la rehabilitación de todos los refugiados tibetanos. Esto es: intenta construir una vida paralela, medianamente aceptable fuera de su hogar, para todos los seguidores del Dalai Lama, mediante la promoción educativa y social, con unos valores democráticos y una autoestima que les permita una independencia sin llegar a necesitar la ayuda externa.

Y es que, por extraño que parezca, la comunidad tibetana está sola a la hora de legitimar sus derechos. El principal órgano supranacional, la ONU, no reconoce a esta autonomía, con representación en más de diez capitales mundiales, fuera de China; el gigante comunista tiene la potestad sobre su territorio, el cual sigue reclamando como parte integral de China. Mientras, el Tíbet se autodefine como un estado independiente bajo ocupación ilegal.

Aunque el gobierno chino basa su petición de anexión a Tíbet por pertenencia al país durante siglos, no es todo ideología lo que mueve a China a expandirse. Tíbet vale sus kilómetros en oro, ya que el valor geo-estratégico de su territorio la convierte en la tierra deseada. Pero además, el gobierno chino ya ha aumentado sus inversiones en la región, lo que le ha dado derecho a explotar el ferrocarril transtibetano, que también ha proporcionado un efervescente crecimiento turístico en Lhasa (a pesar de las protestas religiosas por parte de los sectores tibetanos). Con el turismo como medio principal, los ingresos del país se han triplicado, llegando a superar los 450 millones de euros en la actualidad.

A pesar de todo, la legitimidad del gobierno chino no pasa por una situación completamente legal: al haber invadido su territorio ilegalmente, la transferencia masiva de colonos chinos desde Beijing a Tíbet viola la carta de la Cuarta Convención de Ginebra de 1949, que prohibe trasladar población civil a un territorio ocupado. Igual de preocupante es la violación de los derechos de libre determinación, identidad y autonomía de su pueblo. Según esto, el incumplimiento de Pekín de los derechos humanos fundamentales, con independencia de la situación legal del Tíbet, sería motivo suficiente para justificar una intervención del órgano internacional.

Ahora lo que más preocupa tras la inflexión china es la amenaza terrorista. Algunos sectores apuntan que, en los últimos años, el camino de las relaciones del actual Dalai Lama con China no trae consecuencias políticas favorables ni mejoras en la relación de ambos países por llegar a un entendimiento. Los tibetanos más radicales reclaman una vuelta a la vía menos pacífica, algo que no se da desde hace más de un siglo, y que contradice sustancialmente los principios budistas y gubernamentales de la ACT. La prueba de este desacuerdo interno es que, en los últimos años, se ha registrado un aumento considerable de los atentados, especialmente desde exhibiciones públicas de poder por parte del régimen chino, como Juegos Olímpicos, un escenario que muchos tibetanos consideran idóneo para atrapar la atención de la comunidad internacional al completo.

El resultando sigue siendo el mismo: pocos avances y un mismo campo de batalla. El budismo es el centro del Tíbet, la estructura sobre la que se sustenta la cultura y sociedad tibetanas. Radicalmente opuesto es el comunismo chino: totalitario, materialista y, sobre todo, antirreligoso. Hoy, hace medio siglo que Tíbet vive ocupado por la fuerza comunista china pero, a base de sufrir, sus habitantes han aprendido a no rendirse. Defienden su libertad con más fuerza y se preparan para enfrentar la opresión con formas cada vez menos pacíficas.

Por eso, ahora se teme por el futuro, por la tierra prometida para unos y el infierno para otros.  Las negociaciones con China siguen bloqueadas y su gobierno de la República Popular ya entierra al Dalai Lama, animado por la gravedad de su salud. La división de opiniones sobre qué camino se ha de tomar acecha a la comunidad tibetana, cuyo carismático Dalai Lama ha sido quien ha ayudado a mantener la lucha en la vía pacífica.

Doblegarse o morir

Hay un descontrol represivo por parte de las autoridades chinas que, según dicen los expertos, impone el Estado de excepción a su antojo y sin declararlo oficialmente. Como régimen totalitario, la república china no tolera demostración alguna que desafíe su poderío, ya sea por el medio social, cultural o político, y mucho menos por la fuerza.  El ACT mantiene que más de 200 personas han muerto en la represión de Lasha, a causa de las más de 120 protestas que el pueblo tibetano ha lanzado desde que estallaron los disturbios. También se han registrado más de 1.200 tibetanos desaparecidos desde las protestas de marzo del año pasado, según la organización Campaña Internacional del Tíbet, frente a la cifra de unos 100 detenidos en paradero desconocido que la ONG Human Rights Watch ha extraído de los mismos informes oficiales chinos. 

 

Silvia Suárez

 

Jugando al despiste

Leemos con estupor el anuncio del presidente taiwanés Ma Ying-jeou sobre la participación del país en la próxima cumbre de la Organización Mundial de la Salud (OMS) que la ONU celebra el próximo mes en Ginebra, de forma más acelerada a causa de la "gripe porcina" (o "nueva gripe"). El líder del Kuomintang (KMT), partido en el poder desde enero del 2008, ha conseguido en menos de un año lo que no se había logrado en 28: conseguir el reconocimiento de Taiwán como Estado ante la mayor organización mundial.

Este acuerdo refleja el deseo de China de promover las buenas relaciones con Taipei. La isla representa todo lo que Pekín desea: una economía cada vez más estable y una democracia como puente a occidente, de la mano del KMT. El líder del reelegido partido en el poder dejó claro, desde su primera intervención, que el objetivo prioritario de su gabinete gubernamental era conseguir "seguridad, respeto y a la comunidad internacional".

El hecho de que Taiwán pueda participar como observador en la OMS, ayudará a combatir la incipiente  la gripe porcina y promover las medidas necesarias para frenarla en el caso de alcanzarse la alarma nacional. Además, la mejora de la comunicación de Taiwán significa que  la isla podrá obtener directamente de la OMS lo que necesite, expertos incluidos, sin necesidad de pasar por el filtro chino. Algo muy diferente a lo obtenido por Chen Shui Bian, líder del Partido Democrático Progresista (DPP), que defendía una independencia taiwanesa a ultranza. Sin embargo, Ying-jeou ha demostrado que la diplomacia es la mejor forma de aproximar dos posturas opuestas en un principio.

Pero no hay que olvidar la categoría que ostentará el Estado taiwanés en la cumbre. El portavoz del presidente Ma ha reconocido que la isla participará con el nombre "Chinese Taipei", el mismo que ya se vio obligado a utilizar para su participación en los JJOO. El componente chino no se pierde, por la tanto, y la identidad taiwanesa sigue impregnada del poder chino. 

Todos tienen algo que ganar: a China le interesa mantener distraida a la comunidad internacional para que no repercuta en el uso y abuso de su poder; Taiwán, por su parte, quiere hacer bloque con el gigante comunista de Hu Jintao y obtener beneficios más jugosos a largo plazo.

La diferencia es que el KMT, partido abiertamente nacionalista, promueve un régimen de conformidad que puede ayudar a las relaciones entre estos ambos estados y el resto del mundo, pero que, sin embargo, no contribuye a la causa de la tan deseada autonomía taiwanesa. 

 

China-Tíbet

El Tíbet fue blanco de invertidas militares de China entre 1949, año en que Mao Zedong comandó la Revolución China y ganó el poder, y 1950. Lo que entonces era una región independiente fue ocupada por el gobierno comunista, cuya acción militar dejó 10.000 muertos, según la web de la organización ITIM (Organización Internacional para la Independencia de Tíbet). En 1950, el 14º Dalai Lama, Tenzin Gyatso, tuvo que asumir el poder político en el país, convirtiéndose así en líder religioso y político a la vez.

En 1951 una delegación tibetana firmó con el gobierno chino el documento conocido como “Acuerdo de los 17 Puntos”, según el cual China pretendía adoptar “medidas para la liberación de Tíbet”, y en 1954, el Dalai Lama viajó a Pekín para realizar conversaciones de paz con Mao Zedong y otros líderes chinos. Además, durante una visita a La India en 1956, él tuvo una serie de reuniones con el primer ministro Jawaharlal Nehru, sobre el deterioro de la situación en Tíbet. Sin embargo, los esfuerzos para llegarse a una solución pacífica habían sido frustrados por la política brutal de China contra el Tíbet y los movimientos de resistencia tibetana contra la ocupación china ya habían empezado a ganar fuerza.

Historia

El Tíbet existe como una región unificada desde el siglo VII. Las fronteras de la región habían sido firmadas en un acuerdo formal de paz con China entre los años 821 y 823. En el siglo XIII, cuando el líder mongol Genghis Khan extendió su dominio de China hasta Europa, los líderes tibetanos tuvieron que firmar un acuerdo para mantener cierta autonomía: ellos prometieron lealtad a cambio de protección. A pesar de las conquistas tanto de Genghis Khan como de su hijo Kublai Khan (que estableció la dinastía Yuan, del año 1279 a 1368, tras conquistar China), el gobierno en el exilio informa de que el territorio tibetano nunca fue anexionado a China. Su lazo político con el gobierno Yuan se rompió en 1350, antes de que China recuperara su independencia, y llegó a mantener lazos con el gobierno de la dinastía Ming (1386-1644). 

El Dalai-lama estableció entonces una llamada religiosa con los emperadores de la dinastía Qing (1644-1911), que se convirtió en guía espiritual de emperador chino, aceptando protección pero sin dañar la independencia de Tíbet. A pesar de tener muy reducida su influencia, el gobierno chino continuó afirmando su autoridad sobre el Tíbet: en 1910 el ejército imperial chino ocupó la capital tibetana, pero, tras la revolución de 1911 y el derrumbe del imperio, el ejército chino se rendió a las fuerzas tibetanas y sus tropas fueron repatriadas. El Dalai-lama pudo reafirmar entonces la independencia del país.

Entre 1911 y 1950, el Tíbet consiguió mantener el status de país independiente, puesto que durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945) permaneció neutral, a pesar de las presiones de EE.UU, Reino Unido y China de utilizar la región para pasar materias primas. 

Región autonómica

En 1963 disfrutó del status de región autonómica, y en 1989, la causa de la independencia tibetana ganó fuerza en el occidente como reacción a dos causas principales: la masacre de manifestantes por el Ejército chino en la plaza de la Paz Celestial y la entrega del Nobel de la Paz al Dalai Lama.

Desde finales de los 90, China intenta legitimar su presencia en Tíbet por medio del crecimiento económico y de la dominación étnica y religiosa.

Tíbet en el exilio

El gobierno en el exilio se divide en tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial. 

-El órgano principal del Ejecutivo es el Kashag (o gabinete), cuyo jefe es elegido de forma directa por los tibetanos exiliados, para un mandato de cinco años. Éste es el que se encarga de seleccionar a los demás miembros del Kashag, y somete sus nombres a la aprobación de la Asamblea de los Representantes del Pueblo Tibetano.

-El Legislativo tiene como órgano principal el Parlamento Tibetano en el Exilio, compuesto por 46 miembros de los cuales 43 son elegidos de forma directa por la población en el exilio, y otros tres son elegidos por el Dalai Lama. Cada representante tiene un mandato de cinco años, al igual que sucede en el órgano ejecutivo. 

-La principal instancia del Judicial es la Comisión Suprema Tibetana de Justicia, comandada por el comisario-jefe de Justicia y otros dos comisarios. Los tres son nombrados por el Dalai Lama y también se presentan a la Asamblea para confirmar su aprobación. 

El gobierno en el exilio tiene su sede en Dharamshala (al norte de La India), y cuenta con representación en Nueva Deli (India), Nueva York (EE.UU), Ginebra (Suiza), Tokio (Japón), Londres (Reino Unido), Canberra (Australia), París (Francia), Moscú (Rusia), Pretoria (Sudáfrica) y Taipéi (Taiwán).

 

Fabiano Oliveira

 

China-Taiwán

 

La antigüedad del conflicto entre China y Taiwán data de la época de la guerra civil que entre 1946 y 1949 enfrentó a comunistas y nacionalistas. Nacionalistas liderados por Chiang Kai Chek y comunistas liderados por Mao Zedong fueron las partes contendientes en la guerra civil China entre 1946 y 1949. Los nacionalistas eran los principales protagonistas políticos en China desde hacía varias décadas, en cambio, el prestigio de los comunistas se incrementó durante el período de ocupación japonesa iniciado en 1937.

China intervino en la Segunda Guerra Mundial del lado de los Aliados pero su desempeño en la misma, con el consecuente desprestigio del régimen nacionalista, culminaría con la instauración de un gobierno comunista: la República Popular China. Aquí es cuando emerge la problemática de Taiwán, gestada en los años decisivos de la ocupación japonesa y la ulterior guerra civil. Taiwán era una colonia japonesa que fue devuelta a China tras la Segunda Guerra Mundial. La mayoría taiwanesa identificada en el continente fue duramente reprimida por el "Terror blanco” del Kuomintang.

Las presiones sobre Taiwán provenientes del gobierno de Pekín debemos enmarcarlas en la milenaria tradición china de intolerancia hacia las minorías étnicas o hacia las disidencias. El caso más representativo es la ocupación del Tíbet que costó la vida de miles de personas así como la huida del Dalai Lama a La India. Respecto a Taiwán, entre 1955 y 1957, la República Popular China atacó las costas de la isla en los sucesos conocidos como “Crisis de Quemoy”.

China y Taiwán se dividieron tras el fin de la guerra civil de 1949. Aunque siguieron vías en algunos aspectos concurrentes, en otros, totalmente paralelas. La integración económica entre ambos (sobre todo tras  el reformismo chino de fines de los setenta) aleja la posibilidad de una guerra, sin embargo el equipamiento militar de cada uno impide apostar a un futuro desprovisto de enfrentamientos. 

 

Fabiano Oliveira

Xinjiang: la represión de la china comunista

 

 

Xinjiang (en mandarín) o “Ice Jecen“ (en manchú) probablemente es una de las regiones autónomas más desconocidas de la República Popular China. Mientras que Tibet tiene un eco internacional, Xinjiang sólo se conoce por los pasados atentados que tuvieron lugar antes de la ceremonia de inauguración de los Juegos Olímpicos de China 2008 que tuvieron lugar el 4 de agosto, donde murieron 16 policías. 

Tanto Tibet como Xinjiang son los únicos territorios del país en el que los chinos no constituyen la mayoría. El grupo mayoritario está formado por los uigures, una de las 55 etnias reconocidas oficialmente por el Estado chino y los que han mostrado una resistencia más tenaz a la asimilación y al dominio de Pekín. Pero ¿quiénes son los uigures?¿por qué quisieron darse a conocer de una manera tan cruenta durante los JJOO? ¿qué intereses ocultos tiene China en la región de Xinjiang?

Son muchas las preguntas que se plantean cuando se comienza a hablar de Uigur de Xinjiang. Hay que remontarse hasta la dinastía Qing para tratar de entender la localización de esas tierras perdidas en Asia Central. Ellos fueron quien bautizaron la región con el nombre de “Nueva Frontera”. Mientras que la China imperialista quiso menguar su identidad versionando su nombre al mandarín (Xinjiang), quienes reclaman su independencia de China prefieren denominar a esa región con nombres históricos o étnicos como Turquestán chino, Turquestán Oriental o Uiguristán. El 1 de octubre de 1955 fue la fecha en la que se le concedió la categoría de región autónoma. La región tiene frontera con Rusia, Mongolia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Pakistán y Afganistán.  Limita también con las provincias de Gansu, Qinghai y con la región autónoma del Tíbet.

Tiene una extensión de 1.600.000 Km2, lo que la convierte en la mayor provincia de China, con un 17% del total de su superficie y 25% de sus fronteras. Está dividida en 2 cuencas por las montañas Tian Shan: la cuenca dzungariana al norte y la del Tarim al sur. Esta cadena montañosa delimita también su frontera con Kirguistán y en ella se encuentra el Paso de Torugart (3.752 m). En Xinjiang hay varios grupos turcos musulmanes, como uigures y kazajos. Otros grupos minoritarios son los hui, kirguises, mongoles, rusos, xibe, tayikos, uzbekos, tártaros y manchúes. El porcentaje de la etnia Han, promovida por Pekín, ha aumentado desde el 6% en 1949 hasta el actual 40%, según los datos oficiales. Este dato no incluye al personal militar ni a sus familias ni a los muchos trabajadores inmigrantes no registrados .Una gran parte de esta transformación puede ser atribuida al Cuerpo de Producción y Construcción de Xinjiang, una organización semi militar de colonos que ha construido granjas, pueblos y ciudades en diversas partes de la provincia.

Así pues queda clara la mezcolanza de etnias que hay en la zona. En el pasado la región perteneció a la dinastía Han, a los mongoles, al Imperio turco y ya entrado en el siglo XIX al Imperio ruso, quien a invadir la China Ching por su frontera norte. En 1864 la mayor parte del Xinjiang noroccidental, hasta el lago Baljash, fue cedida al Imperio Ruso por el Tratado de Tacheng. Esta zona constituye actualmente parte de Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán.

En lo que a producción nacional se refiere, Xinjiang es conocida por sus frutas, especialmente uvas y melones. También produce algodón, trigo, seda, nueces, vive de la crianza de ganado bovino y  en la región hay importantes depósitos de minerales y de petróleo. 

Petróleo, e ahí otra vez la palabra clave de todo mal. Xinjiang es la frontera natural de China con Asia Central y es territorio indispensable  para el futuro del gigante asiático. En efecto, China ha pasado en poco tiempo de ser autosuficiente en materia energética a convertirse en uno de los primeros exportadores mundiales de crudo y gas. Los oleoductos y gasoductos que llevarán petróleo y gas desde Irán y Kazajstán hasta la próspera costa este de China han de pasar obligatoriamente por Xinjiang. Además, el valle de Tarim, situado en el corazón de la región, es el único con recursos energéticos y Pekín se ha gastado ya más de 5.000 millones de dólares en la construcción de un gasoducto de 4.000 kilómetros que llevará a partir de 2005 los 8.390 millones de metros cúbicos de gas que alberga este valle de un lado a otro del país. Este parece ser el principal problema para la independencia de la región. 

Las tensiones continúan en la región debido a las aspiraciones independentistas de los uigures y a lo que Amnistía Internacional y Human Rights Watch describen como represión de la cultura no Han. Por el contrario, muchos chinos Han perciben la política de autonomía étnica de la RPC como discriminatoria contra ellos. Los defensores de la independencia consideran que el gobierno chino sobre Xinjiang es imperialismo chino. Estas tensiones resultan ocasionalmente en graves incidentes y violentos choques, como el Éxodo de los Kazajos de Xinjiang (1962), durante el cual 60.000 refugiados huyeron a la Unión Soviética; los disturbios de la ciudad de Baren (5 de abril de 1990) en los que murieron 40 personas; el disturbio de Gulja (5 de febrero de 1997) que tuvo como resultado al menos 9 muertos o los autobuses bomba de Ürümqi (25 de febrero de 1997), con 9 muertos y 68 heridos. El último atentado, ya lo conocen, fue el 4 de agosto de 2008, el resultado: 16 policías muertos.

 

Ainara Izco